Crónicas de Gabacho

Unos meses en la mitad del mundo

Llegué en el Ecuador en abril de 2014 para desarrollar una pasantía por mis estudios. Un país donde nunca había puesto el pie, que podría parecer chiquito en el mapa. No obstante, sobra como el país más grande de mi visto. Grande, lo es en primer lugar su gente, quien me acogió de la mejor manera que se podía y que hizo que a más de diez mil kilómetros de mi casa nunca me sintiera extraño. Los lindos acentos de un castellano que redescubrí, las sonrisas y los brazos abiertos marcaron mi dia a dia. La expresión francesa “tener el corazón en la mano” pega perfectamente acerca de lo que sentí acerca de la generosidad de los ecuatorianos, yo el extranjero que hospedaron e invitaron a entrar en su intimidad, considerándome desde los primeros momentos como uno de los suyos.

Grande, también lo es la diversidad del Ecuador. Comenzando por Quito a donde viví, esa sorprendente capital encaramada en los Andes, con su densidad y sus contrastes asimismo que su actividad intensa que traduce su mutación rápida. De la característica más destacable de ser una ciudad de tamaño de población parecida a Paris a 2800 metros de altitud se añaden la belleza de sus colores y sus encantos escondidos que se dejan descubrir con el tiempo. Tomando el bus desde Quito, pude acercarme de las multitudes de mundos que componen el país. Viajar unas horas abre las puertas al encuentro con nuevos paisajes, nuevos rostros, nuevas culturas brillando bajo una paleta de colores de una intensidad que desconocía entonces. De las comunidades de la provincia de Chimborazo, del trozo de costa pacífica que conocí, pasando por la linda Ibarra hasta el principio de las tierras amazónicas, me maravillé frente a tanta diversidad y belleza. Que más admirable de ver tantos particularismos, o más bien nacionalidades, en un mismo país  donde siguen luciendo identidades milenarias.

Habría tanto más para decir. Mi única frustración fue el tiempo que se fue volando como nunca en mi vida. Me sobran muchísimas cosas para conocer en este país que ya me enseño tanto. Volver no es una hipótesis sino más bien un compromiso.

Un abrazo del corazón desde Francia a mis compañeros de casa, mis panas y colegas de trabajo.

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Cette entrée a été publiée le octobre 31, 2014 par dans Uncategorized, et est taguée , , .

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